jueves, 24 de agosto de 2017

Receta de coca de San Juan de brioche

La sensación de amasar un Brioche, percibiendo su textura suave, su aroma embriagador a mantequilla y especias, es indescriptible. Os transportaréis como yo a otra época, cuando tenía especial valor lo artesano. Al acabar,  descubriréis como una enorme sonrisa se ha dibujado en vuestros rasgos y sabréis que habréis caído rendidos a este maravilloso arte, sin poder evitarlo. Os adelanto que esta adicción supera cualquier otra y es una adicción sana, pues embriaga el alma de dicha y satisface a todo aquel que pruebe ese dulce tan maravilloso que habréis conseguido milagrosamente a través de una primera masa informe de ingredientes dispares, unos brazos cansados, una sonrisa en la cara, y un amor sincero. Este amor nace del fondo del alma y sube con un impulso pronunciado hacia vuestro pecho, como el agua que hierve a borbotones, dejando una huella imborrable a su paso de infinitos recuerdos dulces, que se reflejan en vuestra mirada.

No os asustéis por las explicaciones y consejos, son tan minuciosas para que tengáis toda la ayuda posible. Yo tardé bastante tiempo en empezar a amasar simplemente por el respeto que este mundo me producía, pero una vez empecé, no pude parar, el mundo de las masas es adictivo y, además, a mí me está sirviendo como terapia tanto a nivel físico como psicológico.

Os dejo unas palabras con las que intentaré expresar lo mejor que puedo cómo me hace sentir:
Siempre quedarán grabadas en mi memoria recuerdos de luces de colores y risas, del aroma de la madera quemada, del sonido estridente de los petardos que siempre me asustaron pero que llenan de ilusión a tantos niños. Acuden a mí cada año a finales de junio, mientras mis manos luchan infatigables contra la harina y la levadura, la leche y la mantequilla, trazando arcos, piruetas acrobáticas dignas del más glorioso de los circos, dejando una nube de polvo blanco a su paso, que centellea con los aventureros rayos de sol que se cuelan entre los huecos de las celosías.
El aroma a canela y limón me transporta a otros lugares, y a otros días más felices. Me transporta a mi Andalucía, donde el aroma de canela y azahar flota en el aire en cada calle, dibujando un mundo invisible con su herencia árabe, que huele a sésamo y jazmín.
Amaso y amaso, sin prisa, percibiendo la textura de la masa y cómo esta cambia poco a poco, y no pienso en el tiempo, abstraído de todo, soñando embriagado de dulce pasión.
 Mi ensoñación solo se detiene cuando el sol acaricia la masa, mostrando su brillo y su piel lisa. Entonces hundo ligeramente la masa en su centro con mis dedos y la arrastro hacia los lados. La masa se estira, elástica y cremosa.  Es el momento de ponerla a fermentar y descansar un poco, pero mi mente llena de sensaciones no quiere parar y me abalanzo inconsciente al papel y a la pluma, noto un cosquilleo recorrer mi brazo derecho y sueño entre letras mientras lágrimas de dicha recorren mi rostro.                      
Me transporto ahora a una calle adornada con decenas de naranjos en flor. Yo mismo con bastantes años menos me deslizo serpenteando entre ellos dibujando huellas de sueños en cada tronco y acariciando de vez en cuando alguna flor. Me veo quieto de repente, contemplando las naranjas, con su piel tersa y brillante, su rugosidad tan amable y su aroma cítrico y delicado, dulce y amargo al mismo tiempo. Una pequeña sonrisa se dibuja en el rostro de ese niño triste, que ha salido del colegio con los ojos llenos de lágrimas, y ahora sueña, sueña muy lejos, abre sus alas invisibles y se atreve a volar solo en su imaginación. Se siente pleno no obstante, embriagado momentáneamente por el aroma de las calles, que mezclan el azahar con el jazmín, el jazmín con la canela y el aire fresco le trae notas de campo, de olivo y trigo. Se siente especial en ese lugar, tan especial como solo logra sentirse en soledad, pensando en aromas, en recuerdos llenos de dulces, en los escaparates de azúcar esmerilado de las pastelerías más románticas que puede concebir. 
Ese niño frágil no sabía que algún día, muy lejos de allí, se volvería a ver en esa calle, embriagado por el aroma de unos dulces que él mismo habría conseguido crear, y sintiéndose por fin el verdadero artesano de sus sueños. 
A continuación, la receta:

jueves, 17 de agosto de 2017

Tarta de caramelo y pera


Buenos días,

Tras mucho tiempo sin publicar, regreso por aquí para traeros una señora tarta, de caramelo y pera.
Si os gusta el caramelo, os encantará. En este caso además, su combinación con la pera resulta deliciosa. El  bizcocho es muy tierno y la crema tiene una cremosidad incréible, gracias al mascarpone. De verdad, está deliciosa.

Además, en esta entrada, a parte de daros la receta de la tarta, os enseño cómo montar un layer cake, cómo preparar un bizcocho genovés, y también os hablo sobre cómo preparar un toffee perfecto.

Os dejo con la receta:

miércoles, 26 de abril de 2017

Tarta Fraisier


¡Ah, la Fraisier, la tarta de fresas por excelencia! Y un regalo perfecto para cualquier celebración.

Como su propio nombre indica, las fresas son las protagonistas y de forma destacada. Se puede observar nada más verla, pero sobre todo se percibe al cortarla y llevarse la primera cucharada a la boca. Su combinación con la sedosa crema de vainilla hacen de este postre un manjar indiscutible, que, estoy seguro, se colará entre vuestras recetas favoritas. No en vano, es una tarta francesa y huelga decir que las aportaciones de Francia a la pastelería y, en general, a la cultura gastronómica global, son incontables. 

Esta es una de esas tartas que disfruto ya desde su elaboración. Los placeres de comerla y elaborarla están muy a la par.  Disfruto tanto del proceso que incluso consigo trasladarme a mi propio mundo de fantasía azucarada. 
Para ilustrar esto mismo, os dejo con un pequeño relato que nace del recuerdo de esta deliciosa tarta:

Elisa despertó agitada. La violencia de sus aciagos sueños se había acrecentado en las últimas semanas, coincidiendo precisamente con la vuelta del dolor, un visitante descarado que se tomaba la libertad de ocupar su cuerpo, y a veces hasta su alma, extendiendo sus extremidades y dejando una marca imborrable, de tinta derramada. 
Se levantó con desgana, con cuidado de apoyar primero la pierna derecha como siempre le recordaba su anciana abuela, y se acercó despacio a la luna del armario. Observó a aquella muñeca rota de pelo alborotado que la miraba desconfiada, con el alma descolgada de los ojos y una sonrisa condescendiente, casi retándola a atreverse a contradecir su aspecto con su pensamiento.                                                                      
Emitió un agudo suspiro de desesperación y se vistió con la cara girada y las manos temblorosas, intentando evitar cualquier contacto con sus cicatrices. 
Entonces lo recordó. Recordó aquel aroma a fresas, su piel de vainilla y aquella sonrisa tan dulce y de teclas tan blancas como un merengue inmaculado. Recordó sus ojos henchidos de felicidad, abstraídos y soñadores, y su gesto atento, disfrutando con la melodía que inundaba el ambiente y las hacía bailar cada ocaso, sus siluetas recortadas en una acuarela de un rojo intenso.  Se enfrentó corriendo de nuevo al espejo, ahora con una chispa incandescente de ilusión en sus ojos grises y arrancó el carmín de la mesita en la que reposaba, junto a la ventana. Tiñó sus labios de atardecer, de mermelada de fresas y pasión, y rescató unos tacones del mismo color del fondo del armario, donde habían estado olvidados los últimos años. Comprobó sorprendida que todavía recordaba como andar con ellos y recuperó esa sensación casi extraviada de orgullo, de fuerza de mujer, de confianza… ¿en qué? ¿acaso en sí misma? No se paró a cavilarlo. A partir de ese momento y para siempre, solo podría pensar en ella, aquella chica decidida que conoció una vez en París y que desde entonces había estado guardando la parte del alma que creyó descolgada al mirar su reflejo.  
Elisa sonreía como una niña aquella mañana al abandonar su confinamiento, oyendo tan solo un sordo murmullo del dolor que notaba tan intenso apenas unas horas atrás. 
Adentrémonos juntos en ese sueño y saboreemos un pedacito de Francia con la más grande de las sonrisas, una sensación acompañada del orgullo que sigue siempre a un trabajo bien hecho.

A continuación, os dejo con el desglose de los utensilios, los ingredientes necesarios y la preparación, además de algunas sugerencias: